Las tres terapias más efectivas para controlar la ansiedad y el estrés

El estrés y la ansiedad se han convertido en una constante para millones de personas. Las presiones del trabajo, los problemas personales y las preocupaciones diarias pueden mantener al organismo en un estado de tensión continua que termina perjudicando tanto la salud física como la emocional.
Frente a este escenario, especialistas de la Universidad de Harvard resaltan tres tipos de terapias con eficacia comprobada para aliviar los síntomas y recuperar el equilibrio.
Antes de describirlas, es importante distinguir ambos conceptos. La psicóloga Mariló Pérez explica que el estrés es una reacción fisiológica temporal ante una amenaza real, y en ocasiones puede resultar útil para mejorar el rendimiento. Por otro lado, la ansiedad persiste en el tiempo, puede aparecer sin un peligro concreto y siempre genera un impacto negativo en la vida diaria. La psiquiatra Inés López-Ibor señala que, cuando interfiere en las actividades cotidianas, es crucial recibir un diagnóstico y un tratamiento adecuados.
Con esto en mente, Harvard identifica tres enfoques terapéuticos fundamentales:
1. Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Es uno de los métodos más efectivos para tratar la ansiedad. Se centra en la relación entre pensamientos, emociones y comportamientos, permitiendo detectar ideas negativas automáticas y reemplazarlas por interpretaciones más equilibradas. También incluye la exposición paulatina a situaciones temidas. Sus beneficios suelen notarse pronto y mantenerse en el tiempo.
2. Terapia de exposición
Recomendada sobre todo para fobias, ataques de pánico y trastorno obsesivo-compulsivo. Consiste en enfrentar de manera gradual y controlada aquello que genera temor hasta que la reacción ansiosa disminuye. La repetición ayuda al cerebro a reconocer que no existe un peligro real. Actualmente, la realidad virtual es una herramienta cada vez más usada para aplicar esta técnica.
3. Terapia centrada en el origen del problema
Indicada cuando la ansiedad tiene relación con traumas, vivencias difíciles o conflictos internos no resueltos. Busca comprender la historia personal para detectar causas profundas que mantienen el malestar. Aunque suele requerir más tiempo, permite abordar el origen del problema y no solo sus manifestaciones.
Estas tres modalidades están entre los tratamientos más respaldados por la evidencia científica y pueden combinarse según las necesidades de cada persona, siempre con la guía de un profesional.
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