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Científicos convierten un parásito en una fábrica viva de medicamentos dentro del cuerpo

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Un estudio reciente sugiere que lo que durante siglos se ha considerado un problema para la salud podría transformarse en una valiosa herramienta terapéutica.

Científicos lograron modificar genéticamente un pequeño gusano parásito para que produzca sustancias con potencial medicinal directamente dentro de un organismo vivo, un avance que podría abrir la puerta a una nueva generación de tratamientos biológicos.

La investigación se enfocó en Ancylostoma ceylanicum, un tipo de anquilostoma capaz de infectar a humanos, perros y gatos. Mediante técnicas de edición genética, los investigadores consiguieron que este parásito fabricara un anticuerpo capaz de neutralizar parcialmente la tetrodotoxina, una de las toxinas naturales más potentes conocidas, asociada principalmente al pez globo.

Los hallazgos, publicados el 3 de junio en la revista Nature Communications, constituyen la primera evidencia de que un parásito puede ser modificado para funcionar como una fábrica interna de moléculas terapéuticas.

Una investigación con potencial médico y estratégico

El proyecto recibió apoyo financiero del Departamento de Defensa de Estados Unidos, interesado en desarrollar nuevas formas de protección frente a amenazas químicas y biológicas que podrían afectar al personal militar.

Según explicó Alex Loukas, director del Instituto Australiano de Salud Tropical y Medicina de la Universidad James Cook y uno de los autores del estudio, el objetivo inicial era comprobar si estos organismos podían producir un antídoto funcional dentro de un huésped vivo.

No obstante, las posibles aplicaciones futuras van mucho más allá. Los investigadores consideran que esta tecnología podría utilizarse para generar medicamentos de manera continua dentro del cuerpo, ofreciendo una alternativa innovadora para tratar enfermedades crónicas.

De parásito a aliado terapéutico

Los anquilostomas son algunos de los parásitos humanos más antiguos conocidos. Se calcula que más de 400 millones de personas están infectadas en todo el mundo, especialmente en regiones tropicales.

Estos gusanos viven adheridos al intestino delgado, donde se alimentan de pequeñas cantidades de sangre. Al mismo tiempo, liberan moléculas con propiedades antiinflamatorias e inmunosupresoras que les permiten evadir las defensas del organismo y permanecer durante años en su huésped.

Cada ejemplar mide alrededor de un centímetro y consume menos de dos gotas de sangre al día. En personas sanas, la infección suele causar pocos o ningún síntoma.

Precisamente esta capacidad para coexistir durante largos periodos dentro del organismo fue una de las razones por las que despertó el interés de los científicos.

Makedonka Mitreva, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis, señaló que estos parásitos han perfeccionado durante millones de años mecanismos que les permiten sobrevivir dentro del cuerpo humano y transferir moléculas a su huésped de manera eficiente.

Cómo modificaron genéticamente al gusano

Para convertir al parásito en un productor biológico de medicamentos, los investigadores utilizaron la herramienta de edición genética CRISPR.

Durante la etapa de huevo, incorporaron en el ADN del gusano un gen encargado de producir un anticuerpo diseñado para combatir la tetrodotoxina.

El procedimiento requirió identificar cuidadosamente una región adecuada del genoma donde pudiera insertarse el nuevo gen sin afectar funciones esenciales del parásito.

Posteriormente, las larvas modificadas fueron utilizadas para infectar hámsters de laboratorio. Cada animal recibió entre 80 y 100 larvas. Una vez que los gusanos alcanzaron la etapa adulta, comenzaron a fabricar el anticuerpo y a liberarlo al torrente sanguíneo de los animales.

Resultados prometedores

Las pruebas demostraron que la sangre de los hámsters contenía moléculas activas capaces de neutralizar parcialmente la tetrodotoxina en experimentos de laboratorio.

Esto confirmó que el anticuerpo producido por los gusanos no solo era sintetizado correctamente, sino que además conservaba su funcionalidad una vez liberado dentro del organismo.

Para los investigadores, esta prueba demuestra que los parásitos pueden actuar como plataformas biológicas capaces de fabricar y distribuir compuestos terapéuticos en seres vivos.

Aunque el efecto observado fue parcial, los resultados validan el concepto y sugieren que la estrategia podría perfeccionarse en investigaciones futuras.

Posibles aplicaciones contra enfermedades crónicas

Uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento es su posible uso en enfermedades que requieren tratamientos prolongados.

Los científicos creen que esta misma técnica podría emplearse para que los gusanos produzcan otros anticuerpos o medicamentos basados en péptidos, pequeñas proteínas que cada vez tienen mayor relevancia en la medicina moderna.

Entre las enfermedades que podrían beneficiarse de este enfoque se encuentran la diabetes tipo 2, los trastornos inflamatorios intestinales y diversas alteraciones metabólicas.

Loukas explicó que también se estudia la posibilidad de diseñar parásitos capaces de liberar anticuerpos dirigidos contra hormonas o sustancias inflamatorias implicadas en enfermedades intestinales crónicas.

La idea es proporcionar una liberación constante y controlada de compuestos terapéuticos, reduciendo la necesidad de inyecciones frecuentes o tratamientos repetitivos.

Potencial en alergias alimentarias

Los investigadores también contemplan aplicaciones relacionadas con las alergias.

En el futuro, estos gusanos modificados podrían liberar cantidades muy pequeñas de determinados alérgenos alimentarios para exponer gradualmente al sistema inmunológico y favorecer una desensibilización progresiva.

Aunque esta posibilidad sigue siendo teórica, demuestra el amplio abanico de aplicaciones que podría tener esta tecnología.

¿Es seguro utilizar parásitos como tratamiento?

La idea de introducir deliberadamente un parásito en el organismo puede parecer inquietante, pero los investigadores sostienen que los anquilostomas presentan ciertas ventajas desde el punto de vista de la seguridad.

Su ciclo de vida limita de forma natural la expansión de la infección. Aunque los adultos producen huevos, estos no pueden desarrollarse dentro del mismo huésped y deben salir al ambiente para completar su ciclo biológico.

Como resultado, la cantidad de gusanos presentes en el organismo permanece relativamente estable y no aumenta indefinidamente.

Además, los científicos recuerdan que los tratamientos antiparasitarios convencionales pueden eliminar la infección en aproximadamente 24 horas, lo que permitiría interrumpir fácilmente una terapia basada en estos organismos si fuera necesario.

Un nuevo enfoque para la medicina

Aunque aún quedan numerosos desafíos por resolver, como aumentar la producción y duración de las moléculas terapéuticas, este avance representa un cambio de paradigma en la biomedicina.

Por primera vez, un parásito ha sido modificado con éxito para fabricar y distribuir anticuerpos dentro de un huésped vivo. Aunque los experimentos se han realizado únicamente en hámsters y la investigación se encuentra en etapas iniciales, los resultados sugieren que estos organismos podrían convertirse en vehículos biológicos para administrar tratamientos de larga duración contra enfermedades crónicas, trastornos inflamatorios e incluso alergias.

Si futuras investigaciones confirman su eficacia y seguridad en humanos, estos parásitos modificados podrían pasar de ser considerados una amenaza para la salud a convertirse en una innovadora herramienta terapéutica del futuro.

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