Ciertas actividades divertidas ayudan a las personas de mediana edad a proteger la salud cerebral

Tocar un instrumento, viajar al extranjero o salir a cenar con amigos son experiencias placenteras que enriquecen la vida cotidiana.
Además, estas actividades también podrían ser clave para fortalecer el cerebro y disminuir el riesgo de desarrollar Alzheimer o demencia, según un estudio reciente.
La investigación, publicada el 21 de abril en el Journal of Alzheimer's & Dementia: Diagnosis, Assessment and Disease Monitoring, señala que involucrarse en actividades físicas, sociales e intelectuales durante la mediana edad puede potenciar la función cerebral, incluso en personas con mayor predisposición genética al Alzheimer.
La investigadora principal, Lorina Naci, profesora de psicología en el Trinity College de Dublín, destacó que fue sorprendente observar mejoras significativas en la cognición muchos años antes de que aparezcan signos de deterioro relacionado con la edad.
También subrayó que los mayores beneficios no provienen de una sola actividad, sino de la combinación de varias. Según explicó, la diversidad es fundamental: integrar estímulos físicos, sociales y mentales resulta más efectivo para mantener una buena salud cerebral.
Para llevar a cabo el estudio, se analizaron datos de 700 personas de entre 40 y 59 años en Irlanda y el Reino Unido, todas con buen estado cognitivo y participantes en un seguimiento de diez años. Aproximadamente un tercio tenía riesgo genético de Alzheimer.
Los hallazgos indican que mantener una vida activa y estimulante puede contrarrestar incluso uno de los factores de riesgo genético más importantes asociados con esta enfermedad.
Entre las actividades beneficiosas se encuentran convivir con familiares y amigos, tocar instrumentos musicales, realizar actividades artísticas, hacer ejercicio, leer, aprender otro idioma y viajar.
Por otro lado, el estudio identificó como factores más perjudiciales para el cerebro la depresión y las lesiones cerebrales traumáticas. También se mencionan la diabetes, la hipertensión, los trastornos del sueño y la pérdida auditiva.
Estos resultados sugieren que las personas pueden influir directamente en su salud cerebral adoptando hábitos estimulantes y atendiendo condiciones médicas como la depresión, la diabetes o la presión arterial alta.
Naci destacó que estos hallazgos son alentadores, ya que demuestran que participar en diversas actividades y cuidar tanto la salud física como mental puede fortalecer la resiliencia cognitiva décadas antes de la aparición de síntomas, incluso en quienes tienen antecedentes familiares de demencia.
En este sentido, el estudio plantea que la salud del cerebro no es fija, sino que puede moldearse a través del estilo de vida, promoviendo una participación temprana y constante en actividades enriquecedoras.
Finalmente, la investigadora señaló que los gobiernos deberían priorizar estrategias preventivas desde la mediana edad, como el apoyo a la salud mental, el control de factores cardiovasculares, la prevención de lesiones cerebrales y el acceso a programas educativos y de participación social.
Los científicos continuarán dando seguimiento a los participantes para observar cómo evolucionan estos factores con el tiempo.
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