Evita una embolia pulmonar conociendo todo sobre la trombosis venosa profunda

La trombosis venosa profunda (TVP) es un trastorno grave que se presenta cuando se forma un coágulo sanguíneo en una o varias venas profundas, con mayor frecuencia en las piernas. Su importancia médica radica en que ese coágulo puede desprenderse y desplazarse hasta los pulmones, originando una embolia pulmonar (EP), una complicación potencialmente mortal si no se trata de manera urgente.
Por ello, la detección oportuna y el inicio inmediato del tratamiento son fundamentales para reducir el riesgo de muerte y prevenir complicaciones a largo plazo.
Tratamiento actual de la TVP
La base del manejo terapéutico son los anticoagulantes. Aunque comúnmente se les llama “diluyentes de la sangre”, estos fármacos no eliminan directamente el coágulo ya existente; su función es evitar que crezca y prevenir la formación de nuevos trombos. De esta manera, permiten que el propio organismo lo desintegre gradualmente mediante sus mecanismos naturales.
En los últimos años, el tratamiento ha evolucionado. Además de la heparina y la warfarina, hoy se emplean anticoagulantes orales de acción directa (ACOD) como rivaroxabán, apixabán y dabigatrán. Estos medicamentos ofrecen dosis fijas y no requieren controles constantes del INR, lo que facilita la adherencia y mejora la calidad de vida del paciente.
Opciones adicionales en casos graves
En situaciones donde el coágulo es extenso o el riesgo de embolia es muy alto, puede indicarse la trombólisis guiada por catéter. Este procedimiento consiste en introducir un catéter hasta el sitio del trombo para administrar fármacos que lo disuelvan de forma más rápida.
También existen los filtros de vena cava, que se utilizan en personas que no pueden recibir anticoagulantes. Estos dispositivos actúan como una barrera que impide que los coágulos lleguen al corazón o a los pulmones.
Como parte del tratamiento complementario, se recomiendan medias de compresión graduada. Estas ayudan a mejorar el retorno venoso y disminuyen la probabilidad de desarrollar síndrome postrombótico, una complicación que puede causar dolor crónico, sensación de pesadez y úlceras en la pierna afectada.
Signos de alarma y prevención
Es importante reconocer los síntomas característicos: hinchazón en una sola pierna, dolor persistente —frecuentemente en la pantorrilla—, cambios en el color de la piel y aumento de temperatura en la zona.
Entre los factores de riesgo destacan el tabaquismo, la obesidad, el uso de anticonceptivos hormonales, el cáncer y, especialmente, los periodos prolongados de inmovilidad, como después de una cirugía mayor o durante viajes largos.
Los especialistas insisten en la prevención activa: mantenerse hidratado, evitar el sedentarismo y realizar movimientos de flexión de tobillos cuando se permanece mucho tiempo sentado son medidas sencillas que ayudan a mantener la circulación y reducir el riesgo de que se formen coágulos.
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