La cantidad de horas que duermes podría estar envejeciendo tu cuerpo más rápido

La cantidad de horas que se duerme cada noche podría influir mucho más de lo que se pensaba en la salud del cuerpo.
Un estudio internacional reciente reveló que dormir menos de seis horas o más de ocho podría acelerar el envejecimiento biológico de distintos órganos, como el cerebro, el corazón, los pulmones y el hígado.
La investigación, realizada con datos de casi medio millón de personas en el Reino Unido y publicada el 13 de mayo en la revista Nature, analizó la relación entre los hábitos de sueño y la velocidad de envejecimiento de varios sistemas del organismo. Los resultados refuerzan la evidencia de que el descanso es fundamental para la salud integral.
Los científicos observaron que quienes tenían patrones de sueño extremos —ya sea dormir muy poco o demasiado— presentaban signos más marcados de deterioro biológico en comparación con aquellos que mantenían horarios más equilibrados.
En cuanto a la duración ideal del sueño, el estudio encontró que los mejores indicadores de salud se daban en personas que dormían entre 6.4 y 7.8 horas por noche. En cambio, dormir menos de seis horas o más de ocho se asoció con un patrón en “curva en U”, vinculado a un envejecimiento más acelerado y mayor riesgo de enfermedades crónicas.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron avanzados “relojes biológicos” basados en inteligencia artificial, capaces de evaluar el envejecimiento en 17 sistemas del cuerpo, incluyendo el cerebro, el corazón, los pulmones, el hígado, el sistema inmunológico y el metabolismo.
El análisis incluyó el uso de proteínas, metabolitos e imágenes médicas para estimar la edad biológica de los órganos. Según explicó el investigador Junhao Wen, se emplearon distintos modelos para analizar un mismo órgano desde varias perspectivas, lo que permitió entender mejor cómo el sueño impacta procesos moleculares y biológicos.
El estudio también encontró que dormir poco se relaciona con un mayor riesgo de padecer problemas como depresión, ansiedad, obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardíacas. Además, tanto el exceso como la falta de sueño se vincularon con trastornos respiratorios y digestivos.
Entre las afecciones asociadas se encuentran enfermedades pulmonares como el asma y la EPOC, así como problemas digestivos como gastritis y reflujo ácido.
En conjunto, los hallazgos destacan que el sueño no solo influye en el descanso mental, sino en prácticamente todas las funciones del organismo. Mantener hábitos de sueño adecuados podría ayudar a retrasar el envejecimiento biológico y reducir el riesgo de enfermedades.
Los investigadores consideran que mejorar la calidad y duración del sueño podría convertirse en una estrategia clave para preservar la salud a largo plazo. Además, futuros estudios buscarán determinar si cambiar los hábitos de descanso puede revertir parte del daño observado en distintos órganos.
Según Wen, el sueño actúa como un regulador integral del cuerpo, y cuando se altera, puede desencadenar efectos en cadena que aceleran el envejecimiento en múltiples sistemas, incluso en aquellos que antes no se relacionaban directamente con el descanso.
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