La maternidad lleva a Marina de Tavira a Cannes

En su debut en Cannes, la actriz Marina de Tavira llevó con "Siempre soy tu animal materno" sus planteamientos sobre la maternidad: el cuerpo femenino, el paso del tiempo, la presión estética sobre y las contradicciones que marcan incluso los espacios más glamorosos del cine internacional.
Tras haber presentado el filme, Marina de Tavira recibió a EL UNIVERSAL en el Hotel Martínez, con la generosidad y honestidad que la caracterizan, sobre lo que significó protagonizar la nueva historia de la directora costarricense Valentina Maure.
Marina interpreta a Isabel, una mujer que atraviesa la crisis de la mediana edad mientras intenta reencontrarse consigo misma y criar a sus dos hijas: Elsa (Daniela Marín) y Amalia (Mariangel Villegas).
"En Siempre soy tu animal materno" Isabel enfrenta una pregunta incómoda: ¿qué queda de una mujer después de años de entregarse completamente a ser madre?
"La maternidad es infinita. Pero aquí hablamos de una mujer que ve crecer a sus hijas y comienza a preguntarse dónde estaba cuando empezó a ser madre y dónde está ahora, en un momento en el que aparentemente le toca aprender a soltar, aunque sabemos que nunca se suelta del todo".
Para Marina, uno de los mayores retos era construir un personaje atravesado por la ausencia emocional sin perder la empatía del espectador, algo que teje con maestría.
"Ella está en el dilema de pensar cuánto dejó ir de sí misma. De querer reconectar con quien era antes de convertirse en madre, con la mujer que escribía poesía".
La presión sobre el cuerpo femenino
En la conversación surgió de forma inevitable otro tema central de la película: el cuerpo femenino y el paso del tiempo. Marina recuerda una escena particularmente significativa entre Isabel y Elsa.
"La madre le cuenta a su hija que se operó los ojos y la hija le pregunta: '¿Pero por qué hiciste eso?' Y ella responde que quiere recuperarse, sentirse dueña de su cuerpo. Entonces la hija le dice: 'No trates de convertir esto en una postura feminista'. Lo que para la madre es una forma de recuperar algo de sí misma, para la hija es atroz. Y ambas conversaciones son válidas".
Marina reconoce que la película toca una herida compartida por muchísimas mujeres.
"También está esa batalla constante que vivimos frente al paso del tiempo y a lo que el mundo nos exige. Todas atravesamos esa experiencia".
La reflexión se extiende incluso al propio Festival de Cannes, donde este año vuelve a llamar la atención el contraste entre los códigos de vestimenta femeninos y masculinos sobre la alfombra roja. Ellas con "tacones imposibles" y ellos sin restricciones para llevar tenis incluso en las galas.
"Avanzamos y retrocedemos constantemente. Y no sólo pasa con los tacones, también con las cirugías, los tratamientos y todo lo relacionado con el cuerpo femenino. Hay que respetar la forma en que cada mujer decide enfrentarlo. No existe una regla".
Marina se sonrió también al recordar las escenas que se viven cada noche fuera de las galas.
"Me ha divertido ver a mujeres caminando descalzas por la calle con los tacones en la mano. Yo misma lo hice. Y piensas: 'Qué bonitos se ven', pero es una lucha constante entre el control, la postura, el deseo y la imposición".
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