La OMS advierte que el mundo no está preparado para una nueva pandemia

El peligro de que surja una nueva pandemia a nivel mundial va en aumento, pero la capacidad de respuesta global no está creciendo al mismo ritmo. Así lo advierte el informe más reciente de la Junta de Vigilancia de la Preparación Mundial, un grupo de especialistas respaldado por la Organización Mundial de la Salud.
El documento describe un panorama marcado por desconfianza, baja cooperación internacional y reducción de recursos, factores que podrían hacer que una futura crisis sanitaria sea incluso más grave que la del COVID-19.
Desde brotes como el ébola en África Occidental en 2014 hasta emergencias más recientes, el análisis indica que el mundo no solo ha aprendido poco, sino que ha retrocedido en aspectos clave como la equidad en salud y la confianza entre gobiernos y población. En un contexto global fragmentado, la preparación ante nuevas pandemias sigue siendo insuficiente.
Una pandemia se define como la propagación de una enfermedad infecciosa a gran escala, afectando múltiples países o continentes. Este tipo de crisis ocurre cuando un virus o bacteria logra transmitirse de forma sostenida entre la población mundial, superando la capacidad de los sistemas de salud. Además de afectar la salud, puede generar impactos económicos, sociales y políticos significativos.
El informe destaca que, lejos de mejorar, la preparación global ha empeorado en varios aspectos. En la última década se han registrado seis emergencias sanitarias internacionales, incluyendo brotes de ébola, zika, mpox y la pandemia de COVID-19. En todos estos casos, la velocidad de propagación superó la capacidad de respuesta de los sistemas de salud, generando consecuencias que trascendieron el ámbito sanitario.
Uno de los problemas más relevantes es el deterioro en el acceso equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos. Durante el brote de mpox, por ejemplo, las vacunas tardaron casi dos años en llegar a países de bajos ingresos, incluso más que durante la pandemia de COVID-19. Este fenómeno ha sido denominado “fatiga de la equidad”, donde disminuye el compromiso político y financiero para garantizar acceso justo a recursos médicos.
En el plano social, las crisis sanitarias recientes han debilitado la confianza en gobiernos e instituciones. La desinformación, la politización de las decisiones y los ataques a la ciencia han intensificado la polarización, afectando la capacidad de respuesta colectiva. Además, la recuperación ha sido desigual, impactando con mayor fuerza a poblaciones vulnerables como mujeres, niños y trabajadores informales.
El impacto económico también ha sido considerable. Durante brotes anteriores, el Producto Interno Bruto de regiones afectadas disminuyó significativamente, mientras aumentaban la deuda pública y la inflación, agravando las condiciones de vida.
El informe señala que la desconfianza y la fragmentación geopolítica son los principales obstáculos para enfrentar futuras pandemias. A pesar de los avances tecnológicos en vacunas y diagnóstico, el acceso a estos recursos sigue siendo limitado debido a la falta de acuerdos sólidos y a la concentración de la producción en pocos países. Esto quedó evidenciado durante el COVID-19, cuando las cadenas de suministro globales mostraron su fragilidad.
Ante este escenario, los especialistas proponen tres acciones urgentes. La primera es crear un sistema independiente de monitoreo de riesgos pandémicos apoyado en inteligencia artificial, capaz de detectar amenazas de forma temprana. La segunda consiste en establecer acuerdos internacionales vinculantes que garanticen el acceso equitativo a vacunas, pruebas y tratamientos. Y la tercera es asegurar financiamiento estable y suficiente para la preparación y respuesta ante emergencias sanitarias.
Los expertos advierten que, sin avances en estos puntos, la capacidad global para enfrentar pandemias seguirá debilitándose. Aunque existen soluciones, su efectividad depende de la cooperación, la confianza y el compromiso político. De lo contrario, el mundo podría enfrentar una crisis sanitaria aún más severa en el futuro.
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