Los hábitos de manejo ofrecen una ventana a la salud cerebral de los mayores

Sin embargo, antes de que le diagnosticaran enfermedad de Alzheimer en 2023, este empresario retirado de Pinehurst, Carolina del Norte, comenzó a sentirse cada vez más tenso al conducir.
“Larry se desenvolvía bien en lugares conocidos, pero cuando tenía que manejar en sitios nuevos y tomar decisiones rápidas, se ponía nervioso”, explicó su esposa y cuidadora, Pam Duncan, en un comunicado.
De acuerdo con una investigación reciente, este tipo de modificaciones discretas en la forma de conducir de los adultos mayores podrían ofrecer señales sobre la salud del cerebro.
El estudio, que será presentado la próxima semana en la reunión anual de la Asociación Americana de Ictus en Nueva Orleans, indica que las personas mayores que reducen la frecuencia con la que conducen o evitan cambiar sus trayectos habituales tienen más probabilidades de presentar un mayor daño cerebral vinculado con la demencia.
Además, estos cambios se relacionan con una mayor tendencia a cometer errores al volante y a verse involucrados en más accidentes de tránsito.
“La frecuencia con la que alguien conduce, los destinos que visita y la variabilidad de sus rutas pueden reflejar alteraciones en la sustancia blanca del cerebro, las cuales están asociadas con deterioro cognitivo y demencia”, señaló la investigadora principal, la Dra. Chia-Ling Phuah, codirectora del Centro de Neuroanálisis del Instituto Neurológico Barrow en Phoenix.
Phuah añadió que incluso pequeñas variaciones en los patrones diarios de conducción podrían proporcionar pistas relevantes sobre cambios cerebrales, a veces antes de que aparezcan problemas evidentes de memoria o pensamiento.
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores evaluaron a 220 personas mayores de 65 años que vivían de manera independiente en St. Louis, Misuri, todas sin diagnóstico de demencia al inicio.
Cada participante se sometió a una resonancia magnética cerebral al incorporarse al estudio, y cerca de la mitad repitió el examen al menos un año después.
Durante más de cinco años, sensores instalados en los vehículos registraron su comportamiento al conducir, incluyendo episodios de exceso de velocidad, choques, frenadas bruscas y giros repentinos. También se monitoreó la frecuencia con la que manejaban y las rutas que seguían.
Posteriormente, los investigadores compararon estos datos con los cambios observados en la sustancia blanca cerebral, centrándose en lesiones conocidas como hiperintensidades de sustancia blanca, que indican daño cerebral.
A lo largo del seguimiento, el 17% de los participantes desarrolló deterioro cognitivo, y la mayoría recibió después un diagnóstico de enfermedad de Alzheimer.
Se observó que un mayor daño en la sustancia blanca estaba relacionado con una reducción en la conducción, menos desplazamientos, trayectos repetitivos y más errores al volante, especialmente entre quienes posteriormente desarrollaron demencia.
En particular, las lesiones en la parte posterior del cerebro —región implicada en el procesamiento visual y la coordinación del movimiento— se asociaron con mayor conducción riesgosa y más accidentes.
Según Phuah, quienes presentaban hiperintensidades en esa zona tenían un riesgo más elevado de sufrir percances de tránsito que aquellos con lesiones en otras áreas cerebrales.
No obstante, el estudio también encontró que los adultos mayores que tomaban medicamentos para la presión arterial, especialmente inhibidores de la ECA, mostraban menos conductas de riesgo al volante, incluso cuando existía daño cerebral.
Este efecto se observó independientemente de si los niveles de presión arterial estaban dentro de los valores recomendados, lo que sugiere que estos fármacos podrían contribuir a proteger la salud cerebral con el envejecimiento.
La Dra. Nada El Husseini, portavoz de la Asociación Americana de Ictus y profesora de neurología en el Centro Médico de la Universidad de Duke —quien no participó en el estudio— calificó de llamativos los hallazgos relacionados con estos medicamentos. Señaló que se requiere más investigación para comprender su posible impacto en la función cognitiva y la seguridad al conducir en personas con enfermedad de la sustancia blanca. Además, planteó que estos resultados podrían respaldar la consideración de evaluaciones cognitivas y estudios de imagen cerebral en personas que presenten dificultades al manejar.
Pam Duncan, ahora voluntaria de la asociación, afirmó que la experiencia de su esposo demuestra que estos cambios no deben minimizarse.
“En las primeras etapas del deterioro cognitivo, las señales pueden ser muy sutiles, y la conducción es una de ellas”, comentó.
Pidió a los cuidadores no pasar por alto estas señales y subrayó la importancia de equilibrar la independencia con decisiones responsables. “Se puede vivir bien con demencia, pero todo comienza con la conciencia y la acción”, concluyó.
Los resultados serán presentados el jueves y deben considerarse preliminares hasta que se publiquen en una revista científica revisada por pares.
ENFERMEDADES: Intervenciones en la microbiota: una vía para mejorar la tolerancia a los tratamientos oncológicos
El control de la toxicidad gastrointestinal continúa siendo uno de los principales desafíos en la práctica clínica, ya que hasta 90 % de los pacientes presenta síntomas que pueden afectar la adherencia al tratamiento. Una revisión sistemática reciente con metanálisis analizó -- leer más
Noticias del tema