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Microplásticos: la industria conocía sus posibles riesgos desde hace décadas

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

Diversas investigaciones han relacionado la exposición a microplásticos con posibles efectos sobre la salud, entre ellos alteraciones cardiovasculares, reproductivas y ciertos tipos de cáncer.

Aunque todavía se estudia cómo estas partículas afectan al organismo, documentos internos de empresas químicas revelados recientemente sugieren que la industria ya tenía conocimiento de algunas preocupaciones sobre sus efectos desde hace aproximadamente medio siglo.

Una investigación publicada por Los Angeles Times obtuvo memorandos y comunicaciones entre científicos y ejecutivos que muestran que, desde la década de 1970, existían inquietudes sobre la posibilidad de que pequeñas partículas de plástico atravesaran las barreras del organismo y llegaran a distintos tejidos. La revelación coincide con la publicación de un estudio en la revista Nature, que aporta nuevos indicios sobre los mecanismos por los que los microplásticos podrían provocar daños biológicos.

Investigaciones que generaron preocupación desde los años setenta

Uno de los antecedentes identificados se remonta a 1974, cuando el científico alemán Gerhard Volkheimer presentó resultados sobre el desplazamiento de partículas de PVC —policloruro de vinilo— dentro del organismo. Sus experimentos en animales indicaron que, después de ingerir fragmentos de este material, algunas partículas podían llegar al torrente sanguíneo y distribuirse hacia órganos como el hígado, el cerebro y los pulmones en un periodo de apenas dos horas.

En otra parte de sus investigaciones, Volkheimer administró almidón de papa a participantes humanos y observó que este podía aparecer en la sangre y en la leche materna. Debido a que el almidón y las partículas de PVC pueden desplazarse de manera semejante en determinadas condiciones, sus resultados plantearon interrogantes sobre la posible distribución de materiales plásticos dentro del cuerpo.

Los documentos revisados por el Los Angeles Times muestran que el trabajo fue mencionado repetidamente en comunicaciones de la industria durante las décadas siguientes. Una carta de 1975, escrita por un ejecutivo de Union Carbide, describía el estudio como una especie de advertencia sobre la ingestión de resina de PVC. Sin embargo, el ejecutivo cuestionaba sus conclusiones y citaba investigaciones anteriores en las que animales alimentados con un plástico similar no habían presentado enfermedades.

Las referencias al trabajo de Volkheimer continuaron apareciendo en documentos de las décadas de 1980 y 1990. Desde entonces, distintas investigaciones han aportado evidencia de que los microplásticos pueden atravesar el sistema digestivo, alcanzar la circulación sanguínea y llegar a diferentes órganos. Aun así, determinar qué consecuencias tiene este proceso para la salud humana sigue siendo un desafío científico.

Un posible mecanismo de daño biológico

Un estudio reciente publicado en Nature cuestionó la idea de que los plásticos sean completamente inertes una vez que ingresan al organismo. Sus autores analizaron cómo las partículas pueden interactuar químicamente con el entorno que las rodea.

Wei Min, profesor de química e ingeniería biomédica de la Universidad de Columbia y autor principal del trabajo, explicó que, cuando el plástico se fragmenta en partículas cada vez más pequeñas, aumenta considerablemente su superficie de contacto. Esta característica podría favorecer reacciones químicas con el agua y generar radicales reactivos de alta energía.

Entre estas sustancias se encuentran las especies reactivas de oxígeno (ROS), moléculas que, cuando se producen en exceso, pueden contribuir al estrés oxidativo y al daño celular. Los investigadores consideran que este proceso podría explicar parte de los efectos biológicos observados en animales expuestos a microplásticos y, posiblemente, también en seres humanos.

Sin embargo, todavía se necesitan estudios adicionales para confirmar si este mecanismo ocurre de la misma manera dentro del cuerpo humano y qué importancia tiene en las enfermedades relacionadas con estas partículas.

Debate sobre el conocimiento de la industria

Traey Woodruff, profesora de epidemiología y salud poblacional de la Universidad de Stanford, revisó los documentos obtenidos por el periódico y señaló que estos sugieren que científicos y directivos de grandes compañías químicas conocían las posibles implicaciones de la exposición a partículas plásticas.

Por su parte, Craig Davis, director de química de plásticos del Consejo Químico de Estados Unidos, rechazó la interpretación de que la industria hubiera mantenido silencio deliberadamente. Sostuvo que las discusiones sobre la evidencia forman parte del desarrollo habitual de la ciencia y afirmó que el sector apoya investigaciones independientes y políticas orientadas a ampliar el conocimiento sobre los microplásticos.

¿Qué se sabe sobre sus efectos en las personas?

Los microplásticos se han detectado en distintas muestras biológicas y en poblaciones de diferentes regiones del mundo. Su presencia ha impulsado investigaciones sobre posibles asociaciones con enfermedades cardiovasculares, alteraciones reproductivas y otros problemas de salud.

No obstante, detectar estas partículas en el organismo o encontrar una asociación estadística con una enfermedad no demuestra, por sí solo, que sean la causa directa. Todavía es necesario establecer qué cantidades representan un riesgo, cómo influyen el tamaño y la composición de las partículas y cuáles son los efectos de una exposición prolongada.

El hallazgo de documentos históricos y los nuevos estudios sobre su actividad química refuerzan la importancia de investigar este contaminante. El principal desafío ahora consiste en determinar con mayor precisión cómo interactúan los microplásticos con los tejidos humanos y qué consecuencias pueden tener para la salud a largo plazo.

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