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Peligros de no estirar después de entrenar: evita lesiones y dolores crónicos

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Saltarse los estiramientos tras una sesión de ejercicio intenso puede parecer una decisión trivial para ahorrar tiempo, pero especialistas en medicina deportiva advierten que esta omisión puede tener consecuencias serias para músculos y articulaciones.

El estiramiento forma parte esencial del proceso de recuperación y no debe considerarse un complemento opcional. Su función principal es proteger al cuerpo de lesiones futuras y contribuir a un mejor desempeño físico a largo plazo.

Durante la actividad física, los músculos se contraen de manera repetida y tienden a quedarse acortados. Si no se realiza una fase adecuada de enfriamiento, esa tensión se acumula y puede derivar en rigidez muscular persistente.

Mayor riesgo de lesiones

Uno de los efectos más inmediatos de no estirar después del ejercicio es el incremento notable en la probabilidad de sufrir lesiones. Los músculos que pierden elasticidad son más vulnerables a desgarros, contracturas y distensiones ante movimientos repentinos.

Además, la tensión muscular constante repercute en las articulaciones, ya que ejerce una carga excesiva sobre tendones y ligamentos. Con el tiempo, esto puede provocar afecciones como tendinitis o un desgaste prematuro del cartílago articular.

Impacto fisiológico y en el rendimiento

Desde el punto de vista fisiológico, los estiramientos facilitan la normalización del flujo sanguíneo. Durante el ejercicio, la sangre se concentra en las zonas activas, y detener la actividad bruscamente sin estirar puede generar estancamiento, retrasando la eliminación de sustancias de desecho como el ácido láctico.

Esta acumulación es una de las principales causas del cansancio prolongado y del dolor muscular tardío que aparece horas después del entrenamiento.

A largo plazo, la ausencia de una rutina de flexibilidad limita el rango de movimiento. Un cuerpo con movilidad reducida es menos eficiente, consume más energía para ejecutar los mismos gestos y puede alterar su mecánica corporal natural.

Por ejemplo, unos isquiotibiales demasiado tensos pueden provocar una mala posición de la pelvis, lo que favorece la aparición de dolor lumbar crónico, un problema que muchas personas no relacionan con la falta de estiramientos tras correr o entrenar en el gimnasio.

Consejos para una recuperación adecuada

Para prevenir estos efectos, los expertos recomiendan dedicar entre 10 y 15 minutos a estiramientos estáticos al finalizar la rutina, aprovechando que los músculos aún están calientes.

Es importante realizar los movimientos de forma lenta y controlada, sin rebotes, y mantener cada estiramiento al menos 30 segundos.

Incorporar la recuperación activa como parte del entrenamiento es fundamental para conservar un cuerpo fuerte y funcional, evitando que el esfuerzo físico termine traduciéndose en molestias crónicas o en visitas innecesarias al fisioterapeuta.

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