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Qué ejercicios ayudan a vivir más tiempo, según la ciencia en 2026

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Con el arranque de 2026, el ejercicio volvió a posicionarse como uno de los propósitos más comunes entre los adultos. Más allá de objetivos estéticos o planes de corta duración, expertos en salud pública, geriatría y medicina deportiva coinciden en que la actividad física debe asumirse como una estrategia preventiva fundamental para mejorar tanto la calidad como la esperanza de vida.

El debate actual ya no se centra en entrenamientos extremos, sino en prácticas sostenibles que permitan conservar la funcionalidad del cuerpo a lo largo del tiempo. La evidencia científica reciente respalda este cambio de mirada: múltiples estudios indican que no es necesario someterse a rutinas extenuantes para obtener beneficios duraderos.

Por el contrario, la regularidad, una progresión adecuada y la combinación de distintos tipos de ejercicio son los factores que realmente influyen en la longevidad, la autonomía y la salud integral a largo plazo.

El nuevo enfoque del ejercicio orientado a la longevidad en 2026

Durante años, el discurso dominante sobre el ejercicio priorizó el gasto calórico, la intensidad y el agotamiento físico. Sin embargo, investigaciones recientes han replanteado esta visión al mostrar que el desgaste excesivo puede resultar perjudicial cuando no se acompaña de continuidad ni de una recuperación adecuada.

Estudios publicados en The Journal of Gerontology señalan que la pérdida de masa muscular, conocida como sarcopenia, es uno de los principales factores asociados al deterioro funcional y a la mortalidad prematura a partir de la mediana edad. Este hallazgo desplazó el foco desde la quema inmediata de calorías hacia la preservación de la fuerza, la movilidad y la estabilidad corporal.

Bajo este nuevo paradigma, el ejercicio se entiende como una herramienta de mantenimiento estructural del organismo. Su objetivo no es llevar al cuerpo al límite, sino permitir que conserve la capacidad de moverse, reaccionar y adaptarse a las exigencias cotidianas, disminuyendo el riesgo de enfermedades crónicas y discapacidad.

Por qué el entrenamiento de fuerza es fundamental desde los 30 años

Según datos del National Institute on Aging, a partir de los 30 años se pierde entre un 3 y un 8 % de masa muscular por década. Este proceso natural se acelera cuando no existe un estímulo regular que obligue al cuerpo a conservar su tejido muscular.

La disminución progresiva de la fuerza no solo afecta la composición corporal, sino que se asocia con un mayor riesgo de caídas, fracturas, resistencia a la insulina y trastornos metabólicos, además de dificultar actividades cotidianas como subir escaleras, cargar objetos o mantener el equilibrio.

Especialistas en medicina deportiva coinciden en que el entrenamiento de fuerza es la principal herramienta para contrarrestar este fenómeno. No implica levantar cargas extremas, sino aplicar estímulos progresivos y controlados que mantengan activo el sistema musculoesquelético y preserven la autonomía física con el paso de los años.

Frecuencia semanal recomendada por los expertos

Las guías más recientes de actividad física aconsejan realizar ejercicios de fuerza entre dos y tres veces por semana. Esta frecuencia ha demostrado ser suficiente para conservar la masa muscular, mejorar la densidad ósea y mantener la funcionalidad general del cuerpo en la población adulta.

Un análisis publicado en el British Journal of Sports Medicine reveló que quienes combinan entrenamiento de fuerza con actividad aeróbica moderada reducen hasta en un 40 % el riesgo de mortalidad por cualquier causa, en comparación con personas sedentarias.

Además, los ejercicios orientados a mantener el rango de movimiento de hombros, caderas y columna ayudan a disminuir el dolor, prevenir lesiones y mejorar la eficiencia del movimiento, especialmente en quienes pasan muchas horas sentados.

La importancia del movimiento diario en la salud a largo plazo

Más allá del entrenamiento estructurado, el movimiento cotidiano ocupa un papel central en las recomendaciones para 2026. Caminar con regularidad ha demostrado beneficios sobre la salud cardiovascular, la regulación del estrés y la reducción de la inflamación crónica.

Estudios epidemiológicos han vinculado el hábito de caminar todos los días con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y un mejor control de la presión arterial. La clave no está en la velocidad ni en la distancia, sino en la constancia y en evitar largos periodos de sedentarismo.

La combinación de ejercicio que prioriza la ciencia en 2026

Otro componente esencial para la longevidad es el entrenamiento del equilibrio. Actividades que desafían la estabilidad, como sostenerse en un solo apoyo, cambiar de dirección o trabajar la coordinación, reducen de manera significativa el riesgo de caídas, una de las principales causas de lesiones graves en adultos mayores.

 

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