Rosa María: 30 años curando con vocación y corazón

Enfermera relata tres décadas de servicio, tragedia y pasión humanitaria.
Este 12 de mayo, Día del Enfermero, Rosa María Olguín Magallanes cumple 30 años con el uniforme blanco puesto. No los cuenta con cansancio, sino con orgullo. “Es algo que me nace hacer. Es una profesión que yo escogí porque me gusta”, dice desde la Secretaría de Salud, donde ha trabajado toda su vida.
Su inspiración llegó antes que el título
Fue su abuela, enfermera también, quien le sembró la semilla de servir. Rosa María nació en Monclova, pero se fue a Puebla con familia para estudiar en la BUAP. Se graduó en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y regresó a casa. Desde entonces, no ha salido de aquí. Es la única enfermera de su familia después de su abuela.
Entre la pandemia y la tragedia

Tres décadas alcanzan para verlo todo. Rosa María enumera los momentos que la marcaron: “He visto muchas cosas muy trágicas, como lo de Celemania, el COVID… Son situaciones muy estresantes y muy dramáticas para la gente”.
Dice que no cualquiera soporta estar ahí, en el cuarto donde una familia se rompe o donde un paciente lucha por respirar. “Tienes que tener mucha paciencia, tener un temple. En ese momento crítico, como dicen, tu corazón lo aprietas y sigues. ¿Por qué? Porque estás ayudando a la gente”.
La vocación no se negocia
Para ella, el punto central es claro: un enfermero debe servir con vocación y pasión por su trabajo, con la intención de ayudar. “Tener vocación de su profesión, porque es algo muy bello”, repite.
Lo que más le ha gustado en 30 años no fue un ascenso ni un reconocimiento. Fue algo más simple: “El ayudar a la gente, el poder darle alivio en un momento difícil”. Esa es la paga que no viene en nómina.
Un consejo para las nuevas generaciones
A los jóvenes que quieren entrar a enfermería les habla sin rodeos: “Que la escojan porque les nace ser enfermeros, porque tienen vocación, porque les gusta esto, no por lo económico”.
Sabe que el salario no siempre alcanza y que las guardias desgastan. Pero insiste: si no hay vocación, las tragedias te quiebran. Si la hay, el corazón se aprieta, pero no se rinde.
30 años en el mismo lugar Rosa María no ha rotado por clínicas ni hospitales privados. “No, siempre he estado aquí”, afirma sobre su trayectoria en la Secretaría de Salud. Tres décadas viendo pasar caras, enfermedades y milagros en los mismos pasillos.
Hoy, 12 de mayo, mientras muchos celebran con pasteles y felicitaciones, ella recuerda que el uniforme blanco pesa cuando hay vocación y quema cuando no la hay. Su abuela se lo enseñó sin palabras. Ella lo confirma con 30 años de servicio: enfermería no es chamba, es temple, es paciencia, es apretar el corazón y seguir.

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