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T-MEC: Diferencias en el gabinete frente a EU

Mario Maldonado
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La revisión del T-MEC, si bien necesaria para los tres países y respaldada por sus respectivas cámaras empresariales, será un gran reto para México. Y no solo por los arrebatos y amenazas de Donald Trump, sino porque será difícil conciliar todas las visiones de las industrias expuestas a ajustes sustanciales —automotriz, farmacéutica, agroalimentaria— y, además, definir cómo se van a enfrentar las presiones de Estados Unidos en múltiples frentes como el comercial, el de seguridad, el migratorio y, en general, el político.

Si bien es natural que Marcelo Ebrard, en su calidad de secretario de Economía, lleve la batuta junto con sus dos subsecretarios, Luis Rosendo Gutiérrez y Vidal Llerenas, de la mano de los representantes empresariales incluidos en el llamado Cuarto de Junto, inevitablemente tendrán que participar el canciller Juan Ramón de la Fuente, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, el titular de Agricultura y Desarrollo Rural, Julio Berdegué, entre otros. El problema es que entre todos hay discrepancias sobre cómo se debe llevar la relación con Estados Unidos. Ebrard piensa una cosa; De la Fuente, otra; y el subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco, una distinta. A esto se suma que podrían venir ajustes en el gabinete, por ejemplo en Agricultura, donde el nombre de Julio Berdegué aparece en la baraja de posibles movimientos. La negociación del TMEC arranca, pues, con un problema interno de coordinación.

La presidenta Claudia Sheinbaum atiende de manera directa prácticamente todos los temas relevantes para su gobierno; responde personalmente a Trump en seguridad, migración, economía y otros asuntos sensibles. Dentro de su propio equipo le han recomendado no desgastarse en todos los frentes y, en particular, dejar que el tema del T-MEC lo encabecen los responsables técnicos y políticos: Economía, Cancillería, los equipos negociadores y el sector privado. Quizá por eso, tras el más reciente desdén de Trump —quien dijo que el tratado es irrelevante y que no le importa—, la Presidenta respondió que quienes más defienden el acuerdo son los empresarios de Estados Unidos. Y en efecto, en los últimos días asociaciones empresariales de México, Estados Unidos y Canadá han salido a defender la continuidad y actualización del TMEC como un instrumento clave para la competitividad regional y la integración de las cadenas de valor.

El miércoles General Motors anunció una inversión de mil millones de dólares en México para los próximos dos años, y ayer la también estadounidense Pilgrim’s Pride reveló mil 200 millones de inversiones en el país, en medio del ruido político y de las amenazas proteccionistas. A esto se sumaron posicionamientos de cámaras empresariales en México que pidieron “frialdad”, unidad y una estrategia común rumbo a la revisión de 2026, conscientes de que cualquier error puede impactar la renegociación.

Sin embargo, el problema no está solo en Washington ni en los discursos de Trump, sino en la capacidad de México para presentarse con una posición cohesionada. La revisión del tratado estará contaminada por los temas de seguridad —combate al narcotráfico, control de flujos de armas y cooperación bilateral—, por la agenda migratoria, por las disputas energéticas, por las reglas de origen y por las presiones para acelerar el nearshoring en territorio estadounidense. Todo eso exige una alineación interna que hoy no se percibe con claridad.

A este cuadro se suma una representación diplomática que no ha logrado una buena interlocución con los grupos de poder en Estados Unidos. La gestión del embajador Esteban Moctezuma ha sido cuestionada en círculos empresariales y políticos por su bajo perfil en momentos en los que se requiere una dinámica más activa y más visible. En una coyuntura donde los gobernadores estadounidenses, los congresistas, los sindicatos y las grandes corporaciones juegan un papel directo en la defensa del TMEC, México no puede depender únicamente de las reacciones presidenciales ni de los pronunciamientos de la iniciativa privada. 

El T-MEC es, hoy, una cuerda floja para la relación bilateral. De un lado, el impulso de los empresarios que ven en el tratado una plataforma indispensable para competir frente a Asia y Europa. Del otro, la volatilidad y los arrebatos de Trump y su cruzada proteccionista. Y en medio, el gobierno mexicano que aún no termina de alinear su visión frente a EU.

Posdata 

La estadounidense Pilgrim’s Pride confirmó este jueves una inversión histórica de mil 300 millones de dólares en México con un horizonte de ejecución entre 2026 y 2030 y un impacto directo en la producción y seguridad alimentaria del país. 

El anuncio, hecho en la conferencia matutina presidida por Claudia Sheinbaum, plantea que la inyección total de capital generará más de 4 mil empleos directos y alrededor de 16 mil indirectos, y permitirá aumentar la producción nacional de pollo en aproximadamente 373 mil toneladas, reduciendo cerca del 35% de las importaciones actuales del producto. La decisión de Pilgrim’s refleja una apuesta de largo plazo en el mercado mexicano tras casi cuatro décadas de operaciones en el país, con compromisos de modernización de instalaciones y expansión productiva a nivel nacional. 

De esa bolsa total, 150 millones de dólares están destinados a la región centro del país, con una porción significativa focalizada en Querétaro, así como en San Luis Potosí e Hidalgo, para la modernización de plantas procesadoras y mejorar la infraestructura productiva local. Esta inversión en Querétaro, que gobierna Mauricio Kuri, no solo impulsará la generación de empleo formal y fortalecerá la cadena agroalimentaria en un estado con tradición industrial y logística, donde la actividad avícola y alimentaria es parte del tejido productivo desde hace años.

Columna: La complicada ruta de la reforma electoral

A decir de la presidenta Sheinbaum en la mañanera de ayer aún se está definiendo si la reforma político-electoral que promueve su gobierno entraría en vigor en las elecciones federales intermedias de 2027 o hasta las presidenciales de 2030. Lo más probable es que quede lista -- leer más

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