Un estudio revela que música personalizada aumenta la tolerancia mental al ejercicio

La relación entre la música y el rendimiento deportivo ha sido analizada desde distintas áreas, como la psicología y la fisiología del ejercicio. En los últimos años, diversos estudios han demostrado que los estímulos sonoros pueden influir tanto en el estado de ánimo como en la forma en que las personas perciben el esfuerzo físico.
Una investigación reciente encontró que escuchar música elegida por el propio usuario durante el entrenamiento puede aumentar la resistencia mental y hacer más tolerable el ejercicio intenso, aunque no modifica los límites físicos del cuerpo. Elegir canciones motivadoras permite prolongar la actividad y ofrece un apoyo psicológico importante para mantener la constancia.
El estudio incluyó a 29 adultos sanos que realizaron pruebas de ciclismo de alta intensidad, tanto con música como en silencio. Las canciones, seleccionadas por cada participante, tenían un ritmo rápido (entre 120 y 140 pulsaciones por minuto), y las pruebas se llevaron a cabo en orden aleatorio para comparar el desempeño en ambas condiciones.
Durante el experimento se analizaron variables como el tiempo de ejercicio, la frecuencia cardíaca, el consumo de oxígeno (VO2 máx.), los niveles de lactato en sangre y la percepción subjetiva del esfuerzo.
Los resultados mostraron que, al escuchar música, los participantes lograron entrenar en promedio más de cinco minutos adicionales en comparación con las sesiones sin sonido. También realizaron un mayor trabajo cardiovascular y permanecieron más tiempo por encima del umbral anaeróbico, lo que indica una mayor tolerancia al esfuerzo en condiciones exigentes.
Sin embargo, no se observaron cambios relevantes en indicadores fisiológicos como el lactato, la frecuencia cardíaca máxima o el consumo de oxígeno en el punto de agotamiento. Esto sugiere que la música no incrementa la capacidad física máxima, sino que influye principalmente en el aspecto mental.
De acuerdo con los investigadores, el principal efecto de la música radica en la forma en que modifica la percepción del esfuerzo. Al hacer que el ejercicio se sienta menos demandante, permite que las personas continúen por más tiempo, aunque su capacidad fisiológica permanezca igual.
Este fenómeno se explica por un mecanismo conocido como disociación, en el que la atención se desvía de las señales de fatiga y se enfoca en estímulos externos, como la música. De esta manera, el cansancio se percibe como menos intenso y la experiencia resulta más llevadera.
Aun así, los autores del estudio señalan que los resultados deben interpretarse con cautela, ya que la muestra fue pequeña y las mediciones se realizaron en momentos específicos del esfuerzo. Además, el efecto puede variar según la persona, el tipo de ejercicio y el entorno.
Para aprovechar estos beneficios, los especialistas recomiendan personalizar la música durante el entrenamiento, eligiendo canciones que resulten estimulantes y acordes al ritmo de la actividad. Esto puede aumentar la motivación y mejorar la experiencia general.
También sugieren crear un entorno agradable para ejercitarse, ya sea entrenando en grupo, acompañado de amigos o combinando la actividad con otros estímulos como contenido audiovisual, lo que puede hacer el ejercicio más atractivo y sostenible a largo plazo.
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